
- Hola, - dijo la voz aun camuflada por el tormento del alrededor.En cuanto vi. sus ojos el negro en mis ropas se desvaneció, ¿es un espejismo? O ¿es el?, aquel que sin lógica ni sentido me había cautivado, el que con caricias me atrapo, el… solo él, aquí.- Eres tú, - mientras mis palabras flotaban en ese aire ahora mas denso que nunca, el piso, mis manos, mis sentimientos comenzaban a esclarecer sus formas con los colores mas brillantes que algún día haya visto porque de pronto no todo era blanco y negro, no solo desilusiones sino por primera vez e improbablemente algo cambió mi destino. Sus pasos, su determinación, supuse que buscaba una respuesta, una excusa, una explicación de cómo había corrompido su vida con mi presencia después de un año de no verlo, de no enfrentarlo y a la vez, muy dentro de mi… no dejarlo ir.Mi intención no es molestarte, te juro que no volverá a suceder yo… yo solo quería hablar contigo. - su silencio bañaba mi espalda de un sudor frio.- se que es ridículo buscarte y hablar como si nada después de tanto tiempo, lo se pero tenia que sacarme esto de adentro.- Yo también, - respondió con cansancio aquel hombre que nunca creí volver a besar y me besaba, nunca mas tocar y lo acariciaba, nunca mas amar y a pesar de los ojos prejuiciosos, el tiempo desgarrador y nuestras diferencias, lo amaba. La tierra comenzó a moverse como si el temblor en mis manos se traspasara a sus venas y luego a sus pies descendiendo en el hasta ese momento firme sentir de nuestros cuerpos, junto con aquello una luz cegó mis miradas extasiadas y volvió el reencuentro un doloroso respirar onírico que mi mente había planeado sin saber que yo aun no lo olvidaba. Fue así como empezaron esos sueños a perturbar mi silenciosa savia. Desde hace tres meses, noche tras noche se proyectan en mi pesar oscurecido las imágenes lujuriosas en donde mis manos posaban los deseos que al despertar se quebraban sin mas porqués como el recordar de mis labios sobre esa piel amante que se disolvía con el pasar de las aguas frías de la ducha. Uno tras uno iban desfilando en mi memoria esos rostros tan calidos abordándome no solo al dormir sino también cuando inmóvil trato de hallar respuestas en el techo descansando en esa cama que realmente no me ayuda a hallar sueños mas placenteros que los mismos que me hieren.

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