
Hace unos días conocí a una persona que me dijo que “”nosotros”” debíamos aceptar que no llegaremos a encontrar a aquel ser que estará por el resto de nuestras vidas, que hay que lidiar con los limites que la sociedad nos obliga a crear y que a la vez dejemos de remar en contra de la marea para así vivir mejor. Pero a pesar de que continuamente le aclaraba mi postura ingenua y esperanzadora de lo que era el amor para mi y todas sus gratificaciones no podía dejar de sentir como mi discurso era una idea lejana de lo que mi ser representaba. Era un cínico diciéndole que prefería quedar como un fantasioso que como un frívolo hombre de muchos recuerdos mas no corazones porque muy dentro sabia que ya no era ese prototipo de joven, era un gay mas en plena casería de cualquier presa lo bastante sabrosa para satisfacer mis fin de semanas entre el humo del cigarro y la música distorsionada por el efecto del alcohol, adormeciendo mis labios y encandilando mis ojos. Nunca supe si lo que había dicho era un sincero pensamiento de su intima filosofía o un argumento para lo que sucedió aquella noche puesto que no solo dirigió palabras a mi rostro sino también caricias internas y clandestinas bajo mantas inservibles ante nuestro indomable calor donde no solo expulsamos nuestro abrigo sino a la vez todas aquellas amarras que nos dominaban solo por esa noche, solo en ese lugar y tal vez solo por esa ocasión. Al otro día levante mis ropas y volví a ponérmelas, las sentí ausentes aun sabiendo que ya las tenia sobre mi, como si la vergüenza o tal vez la culpa fuera mas fuerte que alguna acción real. Su presencia era mas cercana mas no tibia tampoco quebrante no mas igual que el de cualquier ser en aquella habitación. Un silencio me penetro toda esa mañana no por miedo y no por no saber que decir sino porque estaba sorprendido, ¿Cómo había llegado ser ese hombre que nunca quise sentir en mi?. Fue ahí cuando logre entender que fueron tantos cuerpos o al menos los suficientes que pasaron por mi piel que ni yo me percate que lentamente me estaba acostumbrando a vivir esas aventuras que no buscaba pero que tampoco me negaba a probar hasta llegar al punto de disfrutar cada uno de esos pasajeros impulsos sin remordimientos, al contrario cada vez mas expectativo ante la próxima caricia del destino.

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